Mis restaurantes favoritos
Casablanca
Del minúsculo local de la calle Zaragoza, se trasladaron hace apenas un año a la Avenida de la Constitución, casi enfrente de la Catedral de Sevilla. Pero se llevaron con ellos todo el buen hacer y todos los ricos sabores de su excelente cocina andaluza.
Antes era imposible encontrar sitio si no reservabas con bastante antelación, porque sólo había media docena de mesas y una barra atestada de gente. Ahora, aunque no es un local demasiado grande, es fácil encontrar mesa, porque el concepto de restaurante ha sido modificado en favor de un lugar de tapas donde la gente entra y sale con mayor fluidez. Un local de tapas, eso sí, algo peculiar, ya que el surtido va desde las papás aliñás que te ponen como aperitivo, hasta el arroz a la marinera típico de la casa, pasando por los clásicos pescaítos fritos, las gambas de Huelva, el jamón de Jabugo, las ortiguillas, y las demás exquisiteces de la zona. Todo regado con una buena manzanilla de Sanlúcar.
También han conservado la costumbre de preparar guisos de temporada, esos deliciosos platos de cuchara que te reconcilian con la vida cuando las cosas no van como debieran. Casablanca no defrauda a nadie. Por eso conviven en el local los sevillanos de toda la vida con los turistas con buen olfato para la gastronomía. La mayoría de la gente está de pie, en la barra o en pequeñas mesitas de altura con caballetes. Y allí se juntan los del aperitivo pausado con los del almuerzo apresurado para seguir con las visitas turísticas. Pero también hay unas cuantas mesas para los que van sin prisas, esos que después de un entrante compartido atacarán el guiso del día, cuchara en mano, disfrutando el placer de una comida única en el mundo.
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Enero 2010.
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